Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música.
Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha.
Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino.
Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha.
En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos.
Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando 6 obras de Bach (de las más complejas que se han escrito), en un violín Stradivarius tasado en 3.5 millones de dolares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares.
http://www.youtube.com/watch?v=hnOPu0_YWhw (Ver vídeo de la historia)
Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?
Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente:
Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿qué/cuántas otras cosas nos estaremos perdiendo?
El Mindfulness/atención plena es una disciplina universal que se puede integrar en cualquier aspecto o ámbito de nuestra vida. Cuando una persona practica el mindfulness mientras que está haciendo cualquier deporte, aprende a disfrutar y a saborear con atención plena mucho más las sensaciones del cuerpo en movimiento. Uno se deja llevar por la experiencia de todos los sentidos. A sentir el cuerpo en contacto con el aire o con el viento, a sentir el tacto de las manos o de los pies con el balón en el caso de los deportes de equipo con balón, a sentir la hierba en contacto con los pies (como en el golf o el fútbol) a sentir el contacto del cuerpo deslizando y fluyendo sobre el agua en la natación. Vamos pasando del modo de pensar al modo de sentir, y uno comienza a descubrir la increible inteligencia que posee el cuerpo humano para desarrollar las distintas habilidades que requiere cada deporte y para abrirse y darnos cuenta del inmenso campo de los sentidos. Uno desconecta en gran medida de los pensamientos, y se deja llevar por las sensaciones del cuerpo. Es fantástico cuando uno lo va introduciendo poco a poco en su deporte preferido como uno se va dando cuenta y va entrando en conexión con sus propias sensaciones y con la respiración y convierte los momentos en mucho más vívidos.