Esta historia nos ocurrió cuando viajabamos junto con mis padres y mi mujer hacia Marruecos hace aproximadamente una año, cuando nos disponíamos a cruza la frontera que divide Europa con Africa, o para ser mas exacto la frontera de Melilla-España para entrar en Marruecos también conocida como paso fronterizo Beni-Enzar.
No era la primera vez que cruzábamos este paso y por tanto conocíamos algo acerca de su funcionamiento caótico, pero especialmente el desorden se suele dar más característico en la parte que compete a las autoridades marroquies. Tradicionalmente siempre ha sido una frontera con mucho transito tanto de vehículos como de personas a pie, aunque en temporada alta se multiplica el numero de personas que quieren atravesarla retrasando y colapsando el paso que en muchas ocasiones puede hacer que se tarden horas en cruzarlo.
En aquella ocasión mi padre y yo nos bajamos del coche para hacer los trámites necesarios y mostrar los pasaportes a la policia marroquí. y en ese escenario nos ibamos encontrando a los personajes típicos -que suelen ser civiles en su mayoría- que junto con la policía contribuyen a generar el desconcierto y caos característico de este control.
Estos personajes, cuya función se supone que es ayudar y agilizar los trámites aduaneros de los visitantes y turistas y auxiliar el trabajo de la policía, en la mayoría de los casos van buscando la recompensa económica o propina cuando te ayudan a resolver algún problema.
Pero sucede que en algunas ocasiones com0 nos ocurrió aquel día uno termina cruzando la frontera con la sensación de que la función de estos personajes, como la de algunos policías marroquíes (trabajando en equipo) es precisamente complicarte y crearte los problemas para luego cuando finalmente “te los solucionan” conseguir algo a cambio.
Por tanto allí nos encontrabamos mi padre y yo haciendo las gestiones pertinentes en la ventanilla marroquí, como entregar la documentación personal, del coche, seguros y demás, cuando observamos que el administrativo de la oficina comienza a hablar con el policía al mando..Mientras tanto mi madre y mi mujer permanecían pacientemente en el interior del coche..
..al cabo de un rato se acerca el oficial con un interprete (hablaba poco más de 4 palabras en español) para explicarnos que nos estaba sellado correctamente la anterior salida que mi padre había realizado de Marruecos hacía ya algunos meses, y que nos iba a caer una gran multa por esa carencia..total que entre que tratabamos de resolver el problema intentando comunicarnos con unos y otros, cuando nos dimos cuenta de la intención que tenían, que no era otra que la de buscar cualquier excusa para sacar algún partido, finalmente decidimos que lo mejor que podíamos hacer en esos momentos era precisamente no hacer nada, y simplemente pararnos, deternos sentados a observary esperar pacientemente, pero sin reaccionar o perder la calma..
..Y así lo hicimos durante cerca de media hora que les duró el espectaculo, simplemente nos sentamos quietos, tranquilamente y sin ninguna prisa para ponernos a meditar. No estábamos preocupados o ansiosos o pensando en la manera de resolver la situación sino que habíamos pasado del modo de pensar al modo de sentir y estar con nosotros mismos.
Al rato de estar allí y sorprendidos por nuestra actitud de no reaccionar y no sufrir, los policias marroquies se dieron cuenta de que no había manera con nosotros y decidieron abrirnos la barrera y dejarnos partir. Volvimos al coche y continuamos el viaje.
Como conclusión reflexiono sobre como en muchas ocasiones quizás es mejor que las situaciones difíciles o problemas que se van dando en la vida debemos esperar a que se vayan resolviendo a su debido tiempo, y solamente actuar cuando tengamos la certeza de que podemos hacer algo útil teniendo siempre presente lo siguiente: Que es lo que depende de mí en este momento para poder cambiar la situación, y en caso de que no podamos hacer nada en ese momento simplemente permitirnos que todo se vaya desplegando momento a momento y repiración a respiración y seguramente conseguiremos tener la mente más clara para poder tomar una decisión cuando llegue la hora.
Un fuerte abrazo,
Hugo Cuevas


